Las vacaciones suelen ser una época llena de actividades al aire libre, viajes y contacto con nuevos ambientes. Para los niños, esta etapa representa diversión y aprendizaje, pero también implica una mayor exposición a microorganismos y condiciones que pueden favorecer la adquisición de parásitos intestinales. Al regresar a su rutina habitual, es importante que los padres consideren medidas preventivas que protejan la salud de los pequeños.
Los parásitos intestinales continúan siendo un problema de salud pública en muchas regiones, especialmente en la infancia. Aunque estos organismos pueden adquirirse en cualquier momento del año, ciertos cambios de hábitos, como comer fuera de casa, jugar en espacios abiertos o viajar a zonas con menor control sanitario, aumentan las probabilidades de exposición. Por ello, después de periodos de actividad intensa y movilidad, reforzar la prevención y vigilancia es una forma eficiente de mantener el bienestar infantil.
¿Por qué aumenta el riesgo de parásitos durante las vacaciones?
Durante las vacaciones, los niños suelen experimentar modificaciones en sus rutinas de higiene y alimentación. Actividades como jugar en la arena, manipular tierra o convivir en áreas verdes incrementan las probabilidades de entrar en contacto con huevos o larvas de parásitos presentes en el ambiente. El lavado de manos también puede volverse menos frecuente y, al comer fuera de casa, no siempre se garantiza que los alimentos hayan sido manipulados bajo condiciones adecuadas.
Los viajes constituyen otro factor de riesgo. Dependiendo del destino, los niños pueden exponerse a fuentes de agua no tratada, a suelos contaminados o a alimentos preparados en condiciones distintas a las del hogar. Incluso en lugares turísticos, el consumo de comida callejera o el uso de piscinas públicas puede facilitar la transmisión de protozoos y helmintos.
Adicionalmente, el contacto estrecho con mascotas y animales de granja suele aumentar durante este periodo. Aunque no todos los parásitos se transmiten directamente desde los animales al ser humano, la presencia de heces en patios, jardines o suelos contaminados es suficiente para facilitar una infección.
Principales parásitos que afectan a los niños
Entre los parásitos intestinales más frecuentes en la población infantil se encuentran los helmintos y protozoos que colonizan el tracto digestivo. Enterobius vermicularis, conocido como oxiuro, es uno de los más comunes. Su transmisión ocurre con facilidad mediante manos, objetos o superficies contaminadas, por lo que suele afectar principalmente a niños en etapa preescolar y escolar.
Los geohelmintos, como Ascaris lumbricoides, Trichuris trichiura y las uncinarias, también representan un grupo relevante. Se relacionan principalmente con suelos contaminados, consumo de agua no tratada o alimentos mal lavados. Estas infecciones pueden generar deficiencias nutricionales y, en casos más persistentes, comprometer el crecimiento adecuado.
Entre los protozoos, Giardia lamblia es uno de los más frecuentes, especialmente cuando ha existido exposición a fuentes de agua contaminada o piscinas con mantenimiento deficiente. Produce diarrea persistente, malabsorción y molestias abdominales. Otros protozoos, como Entamoeba histolytica, pueden encontrarse en zonas donde el saneamiento básico es limitado.
Es importante considerar que algunos de estos parásitos pueden permanecer en el organismo sin manifestar síntomas inmediatos. Sin un tratamiento adecuado, estas infecciones pueden prolongarse y causar alteraciones nutricionales o gastrointestinales a largo plazo.
Síntomas frecuentes de una infección parasitaria
Las manifestaciones clínicas varían según el tipo de parásito, el estado nutricional del niño y la cantidad de organismos presentes. No obstante, existen señales comunes que permiten sospechar una infección.
Los síntomas gastrointestinales, como diarrea, dolor abdominal, distensión, gases excesivos o estreñimiento, son los más habituales. También pueden presentarse náuseas, pérdida de apetito o episodios de vómito ocasional. Cuando la infección afecta la capacidad de absorber nutrientes, el niño puede mostrar dificultad para ganar peso o presentar un desarrollo más lento de lo esperado.
El prurito anal, particularmente intenso durante la noche, es característico de la oxiuriasis. Este malestar interfiere con el sueño, aumenta la irritabilidad y altera la concentración durante el día. La anemia, el cansancio extremo y la palidez también pueden aparecer en infecciones que generan pérdidas ocultas de sangre o afectan la absorción de hierro.
Las alteraciones en el comportamiento, como apatía, irritabilidad o menor tolerancia al esfuerzo físico, pueden acompañar estos cuadros, especialmente cuando la infección se prolonga.
¿Cómo afecta la parasitosis al crecimiento y desarrollo infantil?
Los parásitos en niños en edad escolar suelen ser muy comunes. La presencia de parásitos intestinales puede tener un impacto significativo en el crecimiento y el desarrollo infantil. Muchos de estos organismos compiten por nutrientes esenciales, reducen la absorción intestinal o generan inflamación persistente, lo que afecta directamente el estado nutricional del niño.
Algunas parasitosis interfieren con la absorción de proteínas, vitaminas y minerales indispensables para el crecimiento. Esto puede traducirse en bajo peso, talla reducida o dificultad para aumentar masa muscular. Cuando la infección afecta la absorción de hierro o causa pequeñas hemorragias intestinales, también puede desarrollarse anemia, condición que disminuye la energía y afecta el rendimiento escolar.
El descanso y el comportamiento también pueden alterarse. El prurito nocturno, los cólicos o el malestar general generan interrupciones del sueño, irritabilidad y dificultades para mantener la atención. A su vez, la disbiosis intestinal provocada por algunas infecciones modifica la microbiota y puede afectar el sistema inmunológico y la regulación metabólica.
La desparasitación oportuna permite restablecer el equilibrio del organismo y evitar que estos efectos se acumulen con el tiempo, especialmente en etapas clave del desarrollo.
Desparasitación infantil como estrategia preventiva
La desparasitación infantil es una medida ampliamente utilizada en salud pública para reducir la circulación de parásitos intestinales y proteger el bienestar de los niños. En muchas regiones, especialmente donde las enfermedades parasitarias son frecuentes, los programas comunitarios incluyen la administración periódica de antiparasitarios en la población pediátrica. Esta estrategia ha demostrado disminuir complicaciones gastrointestinales, mejorar el estado nutricional y reducir el riesgo de transmisión dentro del hogar y entornos escolares.
Durante el año, los niños pueden exponerse a diversas fuentes de contagio, ya sea por contacto con suelos contaminados, manipulación de alimentos en condiciones no óptimas o variaciones en sus hábitos de higiene. Por ello, la desparasitación periódica resulta una herramienta útil para interrumpir el ciclo de los parásitos, incluso cuando no aparecen síntomas inmediatos. La simplicidad del tratamiento y la buena tolerancia de los medicamentos pediátricos facilitan su implementación como parte del cuidado integral de la salud infantil.
Frecuencia recomendada de desparasitación
La frecuencia adecuada de desparasitación depende de factores como la prevalencia de parásitos en cada región, la edad de los niños, las condiciones sanitarias del entorno y el nivel de exposición a posibles fuentes de infección. En muchos programas de salud pública, la recomendación general es realizar esta medida una o dos veces al año en la población infantil, particularmente entre los 1 y 14 años, etapa en la que existe mayor susceptibilidad y contacto con ambientes que pueden albergar parásitos.
Cuando hay sospecha de infección, por síntomas gastrointestinales persistentes, irritabilidad nocturna, falta de apetito o cansancio inexplicable, es aconsejable consultar con un profesional de salud para valorar la necesidad de tratamiento. En zonas donde la prevalencia es más alta, o en familias con factores de riesgo específicos, la desparasitación puede formar parte de un esquema preventivo regular orientado a evitar complicaciones y mantener un adecuado crecimiento y desarrollo.
¿Cómo se realiza la desparasitación infantil?
El proceso de desparasitación consiste, en la mayoría de los casos, en la administración oral de medicamentos antiparasitarios seguros y eficaces. La dosis se ajusta según la edad y el peso del niño, y en muchos tratamientos basta una toma única, aunque algunos esquemas requieren repetir la dosis después de dos semanas. Cuando se sospechan protozoos específicos, el abordaje debe individualizarse mediante evaluación clínica.
En casos de infecciones que se transmiten fácilmente en el hogar, se recomienda que todos los convivientes reciban tratamiento para evitar reinfecciones. La coordinación familiar y la adecuada higiene del entorno ayudan a reforzar la efectividad de la medida.
Recomendaciones de higiene para prevenir reinfecciones
La desparasitación es una herramienta fundamental, pero su efectividad aumenta cuando se acompaña de hábitos de higiene que reduzcan el riesgo de reinfección. Los parásitos intestinales se transmiten con facilidad, especialmente en ambientes donde los niños comparten juguetes, baños o áreas de juego. Por eso, reforzar prácticas cotidianas sencillas puede marcar una diferencia significativa.
El lavado de manos es una de las medidas más importantes. Debe realizarse antes de comer, después de ir al baño, al llegar a casa desde la escuela o después de jugar en el exterior. Es esencial enseñar a los niños a hacerlo con agua y jabón durante al menos 20 segundos. De igual forma, mantener las uñas cortas reduce la acumulación de huevos de parásitos en esa zona, especialmente cuando existen hábitos como rascarse o manipular objetos contaminados.
La adecuada manipulación de alimentos también es clave. Lavar frutas y verduras con abundante agua potable, cocinar correctamente carnes y evitar el consumo de alimentos preparados en condiciones dudosas ayuda a prevenir la transmisión de protozoos y helmintos. También se recomienda evitar que los niños beban agua de fuentes no tratadas, como ríos, pozos o estanques.
El saneamiento del hogar es otro componente importante. Cambiar con frecuencia la ropa de cama, ventilar los espacios y desinfectar superficies contribuye a disminuir la presencia de huevos de parásitos, especialmente en infecciones como la oxiuriasis. Asimismo, es útil lavar pijamas y ropa interior con agua caliente cuando hay sospecha de infección para evitar que los parásitos continúen su ciclo dentro del ambiente doméstico.
En hogares con mascotas, es conveniente mantener al día los programas de desparasitación veterinaria. Aunque muchas especies de parásitos no se transmiten directamente desde los animales al ser humano, un ambiente limpio y un control adecuado del estado sanitario de las mascotas disminuyen la probabilidad de exposición a suelos contaminados.
Importancia del diagnóstico oportuno
Si bien la desparasitación preventiva es útil, existen situaciones en las que es necesario un diagnóstico específico para identificar el tipo de parásito involucrado y elegir el tratamiento más adecuado. Cuando los síntomas son persistentes o intensos, diarrea prolongada, dolor abdominal recurrente, pérdida de peso o sangre en las heces, es recomendable realizar un estudio clínico.
Los exámenes coproparasitarios permiten detectar la presencia de huevos, quistes o larvas en las heces. En algunos casos, es necesario repetir la muestra en días consecutivos, ya que ciertos parásitos no se eliminan de manera constante. Los profesionales de la salud pueden solicitar estudios adicionales cuando se sospechan protozoos específicos o cuando la infección puede causar complicaciones.
Un diagnóstico correcto evita tratamientos innecesarios y garantiza que los niños reciban el medicamento que realmente necesitan. También permite identificar casos en los que es importante tratar a todos los convivientes, así como reforzar medidas de higiene en el ámbito escolar o comunitario.
¿Cómo hablar con los niños sobre prevención?
Educar a los niños sobre la importancia del autocuidado es una herramienta poderosa para evitar infecciones. Adaptar el mensaje a su edad facilita que comprendan la necesidad de mantener hábitos saludables sin generar temor ni ansiedad.
Explicar de manera sencilla que algunos microorganismos pueden causar malestar y que lavarse las manos ayuda a mantenerse fuerte y sano es un buen punto de partida. Involucrarlos en tareas cotidianas, como guardar sus juguetes limpios, usar calzado para jugar en el exterior y evitar llevarse las manos a la boca, contribuye a reforzar conductas positivas.
El apoyo visual, como canciones, cuentos o juegos relacionados con la higiene, puede hacer que estas enseñanzas sean más entretenidas. Cuando los niños están motivados, adoptan los hábitos con mayor facilidad y contribuyen a mantener un ambiente más saludable para toda la familia.
Beneficios a largo plazo de mantener un esquema de desparasitación
La desparasitación regular y la adopción de prácticas preventivas generan beneficios que van más allá del control de los síntomas inmediatos. En el largo plazo, estas acciones mejoran el estado nutricional, el rendimiento escolar y la calidad de vida de los niños.
Existen diversos antiparasitarios disponibles en el mercado; sin embargo, cuando se busca un cubrimiento integral es importante elegir uno de amplio espectro, capaz de actuar contra diferentes tipos de parásitos que contribuyen a prevenir complicaciones y a eliminar de manera rápida y eficaz estos molestos huéspedes.
Un organismo libre de parásitos absorbe mejor los nutrientes, lo que favorece un crecimiento adecuado, mayor energía y una mejor respuesta inmunológica. Los niños duermen mejor, se sienten más activos y presentan menos irritabilidad, lo que contribuye a su bienestar emocional y social.
A nivel comunitario, la disminución de la carga parasitaria reduce la transmisión dentro de escuelas y hogares, lo que impacta positivamente en la salud colectiva. A su vez, esto disminuye la necesidad de tratamientos repetidos y reduce el riesgo de complicaciones asociadas a infecciones crónicas.
Fuentes:
- https://scielo.iics.una.py/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2664-28912025000100104&lng=es&nrm=iso&tlng=es
- https://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2665-01502024000400008
- https://www.redalyc.org/journal/1590/159058103006/html
- https://www.minsalud.gov.co/Paginas/A-desparasitar-a-ni%C3%B1os,-ni%C3%B1as-y-adolescentes-entre-1-y-14-a%C3%B1os-.aspx
- https://www.paho.org/es/temas/geohelmintiasis
- https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5997348
- https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6737502
- https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-tratamiento-las-enfermedades-causadas-por-S0213005X09005059
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